En 2021 Meta decidió apostar todo a una idea que el mercado nunca pidió. La historia del metaverso es probablemente, uno de los experimentos más caras y peor comunicada en la historia de las empresas tecnológicas.
Ese año, Mark Zuckerberg anuncia el cambio de nombre de Facebook a Meta. No era solo un rebranding: era una declaración sobre el futuro de la compañía. Se reorientó su narrativa, su cultura interna y US$80 mil millones en mundos virtuales inmersivos. Esto equivale al PIB de Chile en el último cuatrimestre del 2025.
En 2022, la empresa comunica en todo el mundo que se destinarán US$15 mil millones en Reality Labs. Pero los resultados fueron decepcionantes. “Las plataformas eran rudimentarias, los avatares limitados y la adopción prácticamente inexistente”, explica The Wired.
Un año después, en 2023, la inversión continuó, pero la brecha entre promesa y realidad se amplió. Los usuarios no llegaban y las acciones de Meta sufrieron caídas significativas y la presión de los inversionistas se hizo evidente. La comunicación negativa, sobrepasó a las expectativas.
En 2024, la irrupción de la IA cambió por completo el eje de la industria tecnológica. Mientras empresas como Microsoft, Google y OpenAI aceleraban en IA, el metaverso comenzó a a ser aún más irrelevante. Meta, silenciosamente, empezó a girar.
Para 2025, el lanzamiento de modelos como Llama reposicionó a la compañía en la carrera por la IA. “Zuckerberg dejó de ser el evangelista del metaverso y pasó a ser un actor central en el nuevo paradigma”, explica el NYT.
Finalmente, en 2026, el metaverso dejó de ser prioridad. Sin anuncios ruidosos, la compañía dio por muerta su aventura de realidad virtual . Un proyecto que fracasó en la lectura del momento histórico.
Análisis de actualidad realizado por Comsulting, expertos en comunicación estratégica y gestión de crisis.

