“En un doble golpe sin precedentes contra una gran empresa estadounidense, Trump anunció que prohibiría inmediatamente a todas las agencias federales estadounidenses utilizar la tecnología de Anthropic. Pete Hegseth, el secretario de Guerra, no tardó en calificar a Anthropic de ´riesgo para la cadena de suministro´”, escribió el The Economist, luego que la empresa de IA rechazara que su LLM se convirtiera en arma de guerra.
Esto después de que Anthropic afirmara que no estaba abierto a que su lenguaje Claude se utilice para fabricar armas autónomas ni para la vigilancia doméstica masiva. La empresa afirmó que los modelos de IA no son lo suficientemente fiables como para su uso militar Esto desató la furia de la administración Trump, que inmediatamente firmó un contrato con OpenAI.
Esto ha abierto un debate en Silicon Valley y más allá de sus fronteras: ¿hasta qué punto las compañías que prometen desarrollar IA “segura y alineada con valores humanos” pueden colaborar con el aparato militar sin romper su propio discurso ético?
Por lo mismo, el conflicto no es necesariamente jurídico, sino político y reputacional. La IA es vista con temor por la mayoría de la gente, según las encuestas. La decisión de Anthrophic fue bien recibida por la población quien la convirtió en la app más descargada en Estados Unidos este fin de semana.
Sin embargo, los expertos indican que si bien Anthropic gana reputación frente a la gente, la empresa necesita contratos relevantes si quiere seguir atrayendo inversionistas.
Anthropic, fundada por ex investigadores de OpenAI, nació con una narrativa centrada en la seguridad y la mitigación de riesgos existenciales de la IA. Sin embargo, como muchas empresas del sector, ha comenzado a explorar contratos con agencias gubernamentales estadounidenses, incluida la esfera de defensa.
Análisis de actualidad realizado por Comsulting, expertos en comunicación estratégica y gestión de crisis.

